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La Asamblea General de las Naciones Unidas tomó la decisión oficial de Celebrar anualmente el “DÍA MUNDIAL DEL REFUGIADO”. Esta Celebración se realiza el 20 de junio, de 2001, en conmemoración del 50 aniversario de la Convención sobre el Estatuto de las personas Refugiadas de 1951.

Antes de su designación oficial por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas, este día mundial se conocía a como el Día de los Refugiados de África.

La población mundial de refugiados se encuentra en un máximo histórico de 29,6 millones de personas y son una parte de los 79,5 millones de personas que fueron desplazadas a fines de 2019, según el informe más reciente del ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados.

Desde CEDIS, nos unimos a la comunicación que Cáritas de Europa ha realizado, en este día, donde afirma que “las puertas de Europa deben permanecer abiertas para las personas que buscan protección a la vez que insta a los Estados europeos a cumplir lo acordado en diciembre de 2019 para proteger el derecho de asilo y de no devolución”.

A la vez que pide, pedimos, a los estados europeas que cumplan el compromiso asumido en diciembre de 2019 en el primer Foro Global de Refugiados para reasentar a 30.000 refugiados a lo largo de 2020 y para proteger el derecho de asilo y de no devolución en Europa.

Somos conscientes de que la pandemia de COVID-19 ha golpeado especialmente a los refugiados y solicitantes de asilo, muchos de los cuales viven en campamentos superpoblados o en situación de extrema precariedad, expuestos a un riesgo creciente de explotación.

Durante la pandemia, el cierre de fronteras y las restricciones de viaje han socavado el acceso al asilo y la protección en Europa. En muchos países, el registro de asilo, la entrevista y el procedimiento de solicitudes se han suspendido o quedado en lista de espera, con el desafío que esto plantea. Los procesos de reasentamiento, que proporciona un camino seguro a un país seguro para miles de personas atrapadas en campamentos de refugiados, se encuentran actualmente en espera por un período de tiempo indefinido.

Necesitamos una solidaridad global con aquellos que huyen de la guerra, la crisis y la persecución y hacia los países en desarrollo que ya albergan al 85% de los refugiados de todo el mundo y que se enfrentan a desafíos de salud pública sin precedentes.

Los desafíos adicionales creados por el virus y la respuesta al mismo, como, por ejemplo, la inseguridad alimentaria o la disminución de los medios de vida, corren el riesgo de aumentar aún más el desplazamiento forzado de personas.

También nos preocupan los recientes acontecimientos y la confusión sobre la búsqueda y el rescate y el desembarco en el Mar Mediterráneo central, que incluye la falta de capacidad de búsqueda y rescate, el cierre de puertos, la detención de migrantes rescatados en barcos privados frente a aguas territoriales maltesas y las denuncias de devoluciones a Libia con la complicidad de los estados de la UE.

En la fase de recuperación de COVID-19 se debe poner en su núcleo la solidaridad global, siendo inclusiva. Sin dejar a nadie atrás, No debe dejar a nadie atrás, incluidas las personas que buscan protección.

¿Cómo podemos y debemos colaborar, desde nuestra Misión cotidiana, transformadora de esta sociedad en la que estamos insertos a que esta situación cambie?

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