Jornada de la Vida Consagrada:
Merece la pena dar la vida por el Evangelio

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Soy Inés Sanmartín Ruiz y hoy, 2 de febrero, Jornada de la Vida Consagrada, quiero compartir contigo el gran regalo que me ha hecho el Señor al llamarme para ser su esposa en el Instituto Secular Ignis Ardens.

Con la formación cristiana que recibí de mis padres y tras conocer a Ignis Ardens, escuché la voz del Señor que me llamaba a entregarle mi vida en pobreza, castidad y obediencia en este carisma. Siguiendo las insinuaciones del Espíritu y con sus continuas gracias respondí y quiero responder cada día: “Aquí estoy Señor, para hacer Tú voluntad”.

A lo largo de mi vida hay muchos momentos y detalles en los que Dios me ha mostrado su gran amor. Pero hoy voy a contarte cómo, en la Pascua 2019, el Señor pasó por mi vida para quedarse para siempre. Tras cincuenta días, al final del camino pascual de luz y alegría, encontré un regalo precioso, solemne y perpetuo. Ese día, como los apóstoles en el día de Pentecostés, reunidos en oración con el Pastor de la Diócesis de Orihuela-Alicante, D. Jesús Murgui, y D. Rafael Palmero, numerosos sacerdotes, los miembros de Ignis Ardens, mi familia y mucha gente querida, emití mis votos perpetuos y el Señor me convirtió en su amada para toda la eternidad. Fue un día muy especial en el que el Espíritu Santo reavivó la llama que Dios encendió en Antonia, fundadora de Ignis Ardens, y que ella propagó en esta gran familia que quiere ser fuego ardiente para encender en los corazones de los jóvenes y las familias el Amor de Dios.

Ésta es la experiencia de la Pascua del Señor por mi vida y, como nos dijo San Juan Pablo II a los jóvenes en Cuatro Vientos, estoy convencida de que “vale la pena dedicarse a la causa de Cristo y, por amor a Él, consagrarse al servicio del hombre. ¡Merece la pena dar la vida por el Evangelio y por los hermanos!”

Doy gracias a Dios por elegirme para ser su esposa y le pido poder conocer cada día mejor este don, para que me deje amar por Él, le ame y haga que los demás le amen. Que la Virgen María me ayude a, como Ella, decirle cada día al Señor: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según Tu palabra”.

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