
Cátedra «Iglesia, Secularidad y Consagración»: Retos y desafíos para los Institutos Seculares. 16 de mayo
18 de abril de 2026MADRID. — La Conferencia Española de Institutos Seculares (CEDIS) celebró el pasado 16 de mayo una nueva edición de la Cátedra «Iglesia, Secularidad y Consagración», organizada junto con la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, en el Instituto de Teología de Vida Religiosa (ITVR), bajo el lema «Retos y desafíos para los Institutos Seculares». La jornada formó parte del itinerario de reflexión desarrollado durante el curso 2025-2026 en torno a la pregunta del Salmo 8: «¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?».
A lo largo del encuentro, pudimos compartir inquietudes y experiencias sobre algunos de los grandes retos que hoy atraviesa la secularidad consagrada. En un contexto marcado por la fragilidad de los vínculos, la incertidumbre y la búsqueda constante de identidad, se insistió en la necesidad de volver a poner en el centro la dignidad de la persona como criatura amada por Dios. Frente a una cultura que muchas veces empuja a “construirse” a uno mismo desde el rendimiento o la apariencia. La jornada recordó que la identidad humana nace, ante todo, de saberse amado y llamado.
Una cultura vocacional que nazca del encuentro
Uno de los temas centrales de la jornada fue la necesidad de crear una cultura vocacional en medio de la incertidumbre actual. Los participantes subrayaron que, en una sociedad donde predomina la autosuficiencia y cuesta comprometerse de forma estable, la secularidad consagrada puede ofrecer un testimonio sencillo pero profundamente humano: una vida sostenida por la escucha, la relación y el don de sí.
La reflexión se desarrolló desde dos perspectivas complementarias.
Por un lado, se destacó el valor profético de los consejos evangélicos vividos en medio del mundo. La pobreza, la obediencia y la castidad no se presentan como normas abstractas, sino como caminos concretos para vivir con mayor libertad interior, aprender a escuchar y construir relaciones sanas y abiertas a la comunión.
Por otro lado, se habló de la importancia de cuidar la vida propia de los institutos, creando espacios reales de fraternidad, acompañamiento y acogida. En este contexto surgió una idea que resonó con fuerza durante la jornada: la necesidad de “pasar la antorcha” más que de “dejar herederos”. Es decir, transmitir el carisma como una realidad viva, abierta al futuro y capaz de renovarse en cada generación.
Desde esta mirada, la cultura vocacional no se entiende como una estrategia para atraer vocaciones, sino como una manera de vivir el Evangelio con autenticidad en medio de la vida cotidiana.
Comunicar con verdad y cercanía
Otro de los grandes ejes de trabajo fue el desafío de comunicar desde la verdad, la misericordia y la fidelidad en una sociedad cada vez más polarizada. Pudimos advertir sobre el riesgo de una comunicación que simplifica la realidad, divide y termina instrumentalizando a las personas.
En este contexto se recordó una afirmación del papa Francisco:
«La comunicación tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión».
A partir de esta idea, las responsables de la organización de la jornada animaron a los Institutos Seculares a convertirse en espacios de encuentro y diálogo, capaces de tender puentes allí donde crecen la confrontación o la indiferencia. Inspirados en el magisterio de Benedicto XVI y del Papa Francisco, los asistentes subrayaron que la verdad cristiana nunca puede separarse de la caridad ni de la cercanía concreta hacia quienes sufren.
También se insistió en la necesidad de revisar los propios lenguajes y aprender una comunicación más humana, nacida de la escucha profunda y de la capacidad de reconocer la propia fragilidad. En este sentido, algunos participantes definieron a los consagrados como “sanadores heridos”, llamados a acompañar desde la experiencia compartida de la vulnerabilidad.
La vulnerabilidad, el cuerpo y el envejecimiento
La reflexión de la jornada abordó igualmente la necesidad de recuperar el valor del cuerpo y de la presencia en una sociedad cada vez más mediada por la tecnología. El cuerpo fue presentado no como un simple instrumento, sino como lugar de encuentro, comunicación y relación. Desde esta perspectiva, se insistió en la importancia de cuidar la cercanía humana y de no perder la capacidad de vivir relaciones reales y encarnadas.
La jornada también afrontó con realismo el desafío del envejecimiento dentro de los Institutos Seculares. El aumento de la esperanza de vida plantea nuevas necesidades de acompañamiento, cuidado y comunión entre generaciones. Lejos de vivir esta realidad únicamente como una dificultad, los participantes la reconocieron también como una oportunidad para crecer en fraternidad, confianza y apertura a Dios desde la propia fragilidad.
La jornada concluyó reafirmando que la secularidad consagrada sigue siendo un don para la Iglesia y para el mundo: una vocación llamada a vivir el Evangelio desde dentro de las realidades ordinarias y a ofrecer, en medio de la vida cotidiana, un testimonio silencioso pero profundamente esperanzador.

